viernes, 16 de marzo de 2012

Mafalda, vida de esta chica. 50 años

Los libros todavía están ahí, cuarenta y seis años después, en un compartimento de la mesa de luz de mi madre, junto a unas chinelas que ella ya no volverá a usar. No es un espectáculo para sensibles: están rotos, las tapas entreveradas con las páginas, las páginas mezcladas entre sí. El más viejo es de 1966, un año antes de que yo naciera. El último es de 1973, el año en que empecé a leer de corrido. Fue por esos libros apaisados, de tapas de colores, publicados por la editorial argentina Ediciones de la Flor, que conocí a Mafalda, la historieta que había dibujado Quino desde 1962 y a lo largo de una década. Los descubrí a mis siete, hurgando, como siempre hurgaba —con una avidez de comadreja— por todos los rincones de la casa y, aunque mis padres me permitieron leerlos, me advirtieron que no los iba a entender porque no eran libros para chicos. Entonces no me pareció, pero años después entendí que era verdad: que esos no eran libros para chicos.
Quino la dibujó por primera vez el 15 de marzo de 1962 y, aunque la versión nunca vio la luz —estaba destinada a ser publicidad subliminal de una marca de electrodomésticos— esa es la fecha del origen del mito. Cincuenta años después, el culto de Mafalda ha dado la vuelta al mundo. En el invierno de 1999, durante una entrevista en su casa de Buenos Aires, Quino me decía que nunca había imaginado tamaña vigencia y que a veces, cuando la gente se acercaba a saludarlo, podía sentir en ellos una suerte de tensión, de acusación velada: “La Mafalda es un dibujo, no es una persona de carne y hueso. Pero a veces me tratan como si hace veintiseis años hubiera matado a un grupo de nueve personas, los nueve personajes de la tira. A veces me tratan como si fuera un asesino”.
Quino no decía “Mafalda”. Decía “la Mafalda”. No como quien dice “el Quijote” sino como quien habla de una construcción.
Llegué a Mafalda en 1973, el año exacto en que Quino dejó de dibujarla, de modo que lo primero que supe fue que todo lo que iba a tener de ella era limitado: diez libros. Pero, a mis siete, eso parecía inagotable, y lo era: recorrí, en los años que siguieron —mientras Perón moría en 1974, mientras empezaba la dictadura militar en 1976, mientras mi hermano heredaba mi triciclo y se rompía un diente, mientras yo aprendía a patinar con patines de rueditas, mientras toda mi familia seguía sin conocer el mar—, una y otra vez ese universo hasta aprenderlo de memoria. Pero sí podía reconocer en mi padre las angustias del padre de Mafalda; y en mí misma la depresión dominguera de Felipe; y en mi hermano menor la inocencia rampante del Guille, la madre era otra cosa.
“Me pregunto si cuando mi mamá era chica quería ser lo que es ahora”, se preguntaba Mafalda en una de las tiras. Después, decidida a salir de dudas, se asomaba al dormitorio donde su madre, rodeada de trapos y productos de limpieza, con el malhumor pintado en el rostro, limpiaba la mugre familiar. “¿Qué querés?” gruñía la mujer. Y Mafalda, con gesto resignado, decía “Nada, iba a comentarte de un chico al que casi le pasa no sé qué con el dedo y un ventilador, pero no importa”. En otra de las tiras, la madre limpiaba una biblioteca y se topaba con sus viejas partituras de piano: “Mis trece años. La profesora Giambartoli. Pobre. Ella creía que yo llegaría a ser una gran pianista”. Seguía limpiando hasta que, de pronto, se detenía y, con un gesto amargo, pensaba: “¿Pobre ella?”.
Entender que una madre podía dudar de sus elecciones —y quizás, incluso, arrepentirse—, fue un descubrimiento aterrador. A veces, mientras mi madre zurcía medias o fregaba los pisos o lavaba los platos, yo le preguntaba: “Mamá, ¿y vos qué querías ser?”. Y ella, elevando los ojos al techo, repetía: “Ay, dios mío, esta nena, esta nena”.
Digámoslo así: mi personaje favorito era Libertad —y toda su misteriosa familia— pero a mi madre Libertad —y toda su misteriosa familia— le parecía una tarada.
No eran, definitivamente, libros para chicos.
Mafalda vivía en un departamento, un quinto piso de la calle Chile 371, en el barrio de San Telmo, en Buenos Aires. Yo vivía en una enorme casa con un enorme patio con un enorme olivo, y rosas, y naranjos, limoneros, en la ciudad de Junín, a 250 kilómetros de la capital argentina. Mafalda iba al colegio caminando y a mí me llevaba mi padre, después de servirme el desayuno en la cama. Mafalda se movía por una ciudad con rascacielos,smog, escaleras mecánicas, buses, atascos, ruidos. Yo vivía en una ciudad limpia y silenciosa, donde el edificio más alto tenía nueve pisos y la posibilidad de un atasco era ciencia ficción. Así que, desde mi realidad de provincias, la de Mafalda era una vida mundana, sofisticada, de independencia insolente y radical. Yo imaginaba que, cuando fuera adulta, me mudaría a Buenos Aires e iría a mi trabajo en esos buses, me sentaría a leer en esas plazas, compraría mi comida en esos almacenes y la comería en uno de esos departamentos, todas cosas que, sumadas a la posibilidad de respirar smog —¡smog!—, me parecían el summum de la modernidad.
Pero, cuando viajé a Buenos Aires por primera vez, a mis 9 años, descubrí que, liberada de la línea fina con que la dibujaba Quino, la ciudad era otra cosa. No estaban allí las calles por las que Mafalda andaba con sus zapatos en forma de plancha, ni los parques de césped prolijo en los que Miguelito se ensoñaba panza arriba, ni los departamentos luminosos y enormes (el de Mafalda era infinito) con ambientes para cocinar, dormir, desayunar, cultivar plantas, mirar televisión. Las calles estaban rotas, los parques eran desprolijos, los departamentos ínfimos, el smog invisible. No es que fuera una ciudad fea: era peor: era una ciudad desconocida. Y, aunque vivo aquí desde hace años, Buenos Aires nunca ha dejado de ser una ciudad que todavía busco. Siempre le estoy corrigiendo aquel antiguo error de paralaje.
FERNANDO VICENTE
Un día, cuando era muy chica, me pregunté cuantos años podría tener Mafalda. Y me di cuenta de dos cosas: una, que yo siempre había sido más vieja que ella, congelada como estaba en sus 6, sus 7 años. Otra, que ella no tenía edad posible: humana. Que no era adolescente ni adulta ni joven ni vieja ni, mucho menos, niña. Y, de pronto, la idea de que tuviera padres se me reveló monstruosa. Desde entonces, Mafalda me ha parecido una hija en concesión.
Imagino, también, que en aquellos años Mafalda debió ser un caballo de Troya muy incómodo. La historieta estaba plagada de alusiones políticas que siguieron vigentes durante mucho tiempo y, aunque la mitad de esas alusiones sobrepasaban la comprensión de alguien que, como yo, había llegado a ellas a los siete años, un niño es una perfecta máquina de curiosidad y eso hizo que mis padres, como muchos otros, tuvieran que responder preguntas, irradiadas directamente de esas páginas, en años en los que aún preguntas más inocentes hubieran resultado radioactivas: ¿quién es Fidel Castro, qué son los derechos humanos, qué es la autodeterminación de los pueblos, qué es Cuba, qué es un sindicato, qué es la UN? A veces pienso que sería maravilloso tener un registro de todas aquellas respuestas de todos aquellos padres a todas aquella preguntas de todos aquellos hijos que, en la Argentina, empezamos a crecer entre el último gobierno de Perón y la dictadura militar de 1976; entre los colegios que no nos permitían llevar el pelo suelto y los libros prohibidos enterrados en el patio de nuestras casas; entre la euforia del mundial ´78 y los amigos de nuestros padres cuyos nombres había que decir en voz baja. A veces pienso que sería maravilloso tener un registro de todas esas respuestas porque nos ayudarían a saber quiénes eran, y quiénes éramos, y qué cosas hacían de nosotros.

lunes, 27 de febrero de 2012

LOS VAMPIROS DE MORGANVILLE 3: EL CALLEJON DE LA MEDIANOCHE

MORGANVILLE ES UN LUGAR ESTUPENDO PARA VIVIR…
Cuando Claire Danvers descubrió que la ciudad donde estudia estaba dirigida por vampiros, hizo lo que hubiera hecho cualquier estudiante inteligente y con instinto de supervivencia: pedir un traslado y hacer acopio de ajos. El traslado ya no es una opción, pero los ajos puede que le resulten útiles.

… Y PARA MORIR, SI NO TE IMPORTA ESE TIPO DE COSAS.

Ahora Claire ha jurado obediencia a Amelie, el vampiro más poderoso de la ciudad. No obstante, la protección que proporciona el contrato no despierta mucho entusiasmo entre sus amigos. De la noche a la mañana, la ciudad se sumerge en una oleada de asesinatos, un acosador resurge de su pasado y Claire recibe una escalofriante invitación por parte de un viejo chupasangre para asistir a clases particulares en su solitaria guarida. Claire no tardará mucho en descubrir con qué fin… lo que dará un nuevo y aterrador significado al concepto de clases nocturnas.

Dan a conocer libro 'Los muchachos perdidos'

CIUDAD DE MÉXICO (26/FEB/2012).- Un libro-reportaje sobre los jóvenes que se encuentran en las correccionales de la capital, se plasma en 'Los muchachos perdidos', retratos e historias de una generación entregada al crimen, de Eduardo Loza y Humberto Padgett, fue presentado anoche.


Durante las actividades de la XXXIII Feria Internacional del libro del Palacio de Minería, que se realiza del 22 de febrero al 5 de marzo, Padgett comentó en el Auditorio Bernardo Quintana, que durante los dos últimos años han visitado las correccionales para la elaboración del proyecto.


Platicamos con decenas de chavos a quienes se les tiene que hacer un agradecimiento, porque nos contaron con absoluta transparencia sus historias de vida, sus inicios en la delincuencia su desarrollo y su vida en las cárceles para chavos en la Ciudad de México', expresó Padgett

Por su parte, Eduardo Loza, comentó que este trabajo estaba destinado para un reportaje para una revista y que inició con la entrada a esos centros de atención, con el objetivo sobre todo para su publicación.

'Son historias que tienen que ver con la vida de los chicos, pero en el sentido cultural, sea en las artes plásticas, teatro y documental, justo cuando estábamos en una segunda visita conocimos a El pequeño', mencionó Loza.

Agregó que este personaje les platicó como había realizado algunos de sus 18 asesinatos cuando tenía 16 años de edad.

'Ese día fue cuando nos dimos cuenta de que este trabajo daba para mucho más, y así nació y creció la idea del proyecto que culminara en un libro', dijo Loza.

Padgett León estudió Periodismo en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Fue reportero del diario Reforma y actualmente es parte del equipo del semanario emeequis.

Loza Vázquez estudió periodismo en la UNAM, y ha sido reportero gráfico en El Universal y la agencia Cuartoscuro. Su trabajo ha sido expuesto en la Muestra Colectiva de Fotoperiodismo 'Tepito', en la Galería Nacho López, de la Casa del Lago de la UNAM.

jueves, 19 de enero de 2012

Critica de la obra AGOSTO (Condado de Osage)


El tema principal de esta obra es que una familia se enfrenta con su pasado y su presente, y también  las relaciones familiares. La postura del  autor que tiene ante la obra seria que está inspirada en hechos reales que sucedió dentro de la familia del autor. Cuando Tracy Letts era un niño su abuelo materno se suicido y a consecuencia de ello su abuela comenzó un consumo abusivo de drogas y alcohol. La propuesta del director  es clásica e incluso tradicional; quizá sus aspectos sean la utilización de proyecciones de vídeo y la advertencia de que los cigarrillos que se fuman en escena que no contienen tabaco. Cuenta con una excepcional versión de Luis García Montero quien mantiene y da luminosidad a las imágenes poéticas que Letts crea con su ácido humor que emana de la insatisfacción de sus personajes . Los actores: Amparo Baró (Violet Weston, madre de la familia), es una de las protagonistas principales y actuó muy bien, ya que su personaje es un ser complejo, gastado y energético que convierte frustraciones propias en tormentos ajenos. Miguel Palenzuela (Beverly Weston, padre de familia), solo actuó en el primer acto, pero lo hizo muy bien, era un señor mayor alcohólico, pero yo creo que nos debería dar alguna pista más de lo que planea hacer su personaje. Carmen Machi (Barbará Fordham, hija de Beverly y Violet), es otra de las protagonistas, actuó muy bien,  el papel que interpreta esta actriz, es una fotocopia y revés al mismo tiempo de su madre, condenada por una herencia maldita aletargada bajo el choque generacional.  Alicia Borrachero (Ivy Weston, hija de Beverly y Violet), actuó muy bien, se metió en su papel de hija mediana, es la víscera sensible en todas las familias, donde se encargaba de su madre y su padre, antes de que este desapareciera. Clara Sanchis (Karen Weston, hija de Beverly y Violet), actuó muy bien, como hija pequeña, es uno de los contrapuntos extrovertidos que ríen para no llorar. Antonio Gil (Bill Fordham, marido de Barbará), actuó muy bien, según he buscado y leído critica dicen que aparece desdibujado ante su apabullante esposa, para mí no es cierto creo que hace bien su papel y creo que es el que tiene que representar. Irene Escolar (Jean Fordham, hija de Barbará y Bill) actuó muy bien, es la típica hija adolescente que intenta evadirse de los problemas familiares, pero no lo consigue. Gabriel Garbisu (Steve Heidebrecht, prometido de Karen) actuó bien, es otro de los contrapunto extrovertido que ríe para no llorar. Sonsoles Benedicto (Mattie Fae Aiken, hermana de Violet), actuó muy bien para lo poco que habla.  Abel Viton (Charlie Aiken, marido de Mattie Fae), actuó muy bien. Markos Marín (Charles Aiken Junior, hijo de Mattie y Charlie), actuó muy bien, es otro de la familia que es muy sensible y sufre mucho por todo lo que pasa, para mi gusto no canta muy bien. Chema Ruíz (Deon Gilbeau, jefe de policía) actuó bien, para lo poco que sale, para mi gusto creo que lo hizo muy bien. Marina Seresesky (Johnna Monevata, ama de llaves) actuó muy bien, y es una buena ama de llaves y siempre estaba atenta de todos.     
El escenario esta en perpendicular a la sala, se llama ámbito en “T”, el vestuario yo creo que iba acorde con la época y era muy bueno, ya que iba con la personalidad de cada personaje, la iluminación fue buena, ya que se entendía que cuando se iba apagando unas luces de un lado de la casa y se iba encendiendo otra, se entendía que era otra escena, aunque en el último acto, creo que hubo un fallo de iluminación ya que ilumino a una parte del público y nadie entendió el porqué., la música fue muy buena y el sonido fue fabulosos se oía genial, aunque en el I acto de la cena después del funeral de Beverly, Violet se va al despacho de su difunto marido, hubo un error de sonido que no se la oía muy bien pero en cinco segundos  lo solucionaron y no se noto mucho. Opinión personal:  La obra retrata las tensiones, disfunciones y fantasmas de una familia actual de la América profunda. La desaparición del padre en unas misteriosas circunstancias obliga a todos los miembros a reencontrarse en la casa paterna, en Oklahoma. Todos estarán bajo la influencia de Violet, una mujer tan delirante como políticamente incorrecta, y se enfrentarán con su pasado y su presente, entre secretos y verdades a medias, dichas en voz baja, para mantener un aparente orden.  Me gusto mucho, iba un poco desanimada ya que duraba mucho y creía que se me iba hacer eterna, pero no fue así desde el primer segundo me fascino, me metí en la obra, y me dejo boquiabierta en cada uno de sus actos, me reí mucho y creí que no iba a ser de esa manera , fue una obra que no me esperaba que fuese así de divertida y a su vez dramática, hubo varios momentos de la obra que olía un poco mal, llegue a la conclusión que era por los cigarrillos que fumaban en la escena que  no contenían  tabaco. Para mí los  personajes de esta obra se caracterizan por vivir entre problemas morales y espirituales. En la obra de texto los diálogos son creíbles y están bien dichos; en esta obra excesiva existe una contención que es de agradecer y una sólida dirección a la que tal vez solo podría objetarse que no todos los personajes estén bien dibujados y que los audiovisuales que subrayan el "americanismo" resulten algo redundantes.  Por lo tanto después de casi 4 horas, podría estar mucho más tiempo viendo mas la obra.

viernes, 13 de enero de 2012

Agosto

Beverly, un anciano alcoholizado que una vez fue prometedor poeta, desaparece de la destartalada casa en que consume sus días junto a su esposa Violet, enferma de cáncer y de rabia por tantas mentiras y rencores como ha acumulado en su vida. El suceso convoca en la casa familiar a la hermana de Violet, Mattie Fae, y su marido, Charlie, otro matrimonio en la etapa donde ya sólo quedan achaques, rencores y secretos. Son la generación del esfuerzo que consiguió el paraiso consumista para la siguiente. Y la desaparición convoca también a las tres hijas de Beverly y Violet, adultas con su propia vida a cuestas. Vienen con los restos de sus respectivos naufragios. La más 'funcional' es la mayor (una suposición, porque no se dice): Bárbara arrastra un marido, Bill, que le es infiel con una alumna, y una hija adolescente que la desprecia; luego están Karen, que simula un romance tardío con un tres veces divorciado petimetre, e Ivy la divorciada, que encuentra una oportunidad con el acomplejado Charles 'Junior' -el hijo de Mattie Fae y Charlie, y por tanto su primo.

Diez miembros de la misma familia reunidos por vez primera ante la repentina ausencia del patriarca. Y un testigo ajeno, la joven india cheyene que el mismo ha contratado antes de partir con rumbo desconocido. Ya no contaremos más. Estalla la tormenta dialéctica y no se detendrá hasta el final. Se sucederán los lances y las sorpresas, habrá giros insospechados, descubrimientos penosos. Desatadas las pasiones es difícil volver a la contención. Al frente del ajuste de cuentas, la matriarca que al fin dice lo que piensa de la forma más dañina posible. Frente a ella, la hija Bárbara, la que más se le parece.

lunes, 9 de enero de 2012

LA ESCRITURA DE UN DIARIO

-En primer lugar hay que dar nombre al personaje al que 
vamos a dar voz.
- Ordenar toda la información escrita e icónica que habéis 
recogido.
-Elaborar un esquema de lo que vamos a contar. 
En el diario tiene que aparecer aspectos tanto  de la situación 
de la persona de que color es, como de la persona que sale de 
su país en una patera buscando una vida mejor.
-Realizar el primer borrador. Tener en cuenta: 
 El mantenimiento de la 1º persona.
 Los verbos tienen que ir en pasado.
 La aparición de elementos descriptivos del lugar y la época.
 El uso de un lenguaje coloquial y expresivo.
-Redactar el texto definitivo. 

Unidad didactica

EL GALLO DESPERTADOR

Kikirikí,
estoy aquí,
decía el gallo
Colibrí.

El gallo Colibrí
era pelirrojo,
y era su traje
de hermoso plumaje.

Kikirikí.
Levántate campesino,
que ya está el sol
de camino.

—Kikirikí.

Levántate labrador,
despierta con alegría,
que viene el día.

—Kikiriki.

Niños del pueblo
despertad con el ole,
que os esperan en el «cole».
El pueblo no necesita reloj,
le vale el gallo despertador.
Gloria Fuertes

La poesía
Contextualización                                                                                               
2.1 Contexto
 Esta programación se llevará a la práctica en el centro educativo Ciudad de Zaragoza ubicado en Madrid, Alameda de Osuna, donde habitan familias de nivel adquisitivo medio- bajo. Es un centro público, cuyo sistema educativo está guiado. Esta propuesta para trabajar el centro de interés, la poesía, ha sido diseñada para niños de primer ciclo de Primaria, segundo curso; correspondientes a las edades de siete y ocho años                                                                                 Por lo que contenidos y actividades han sido creados en torno a unos objetivos que contemplan las posibilidades reales de los alumnos de dicha edad.
2.2 Metodología
Basada en el Aprendizaje Significativo para que los nuevos conocimientos se relacionen con los anteriores y pueda llevar al alumno a la formación de estructuras mentales y a un conocimiento del medio natural y social que le rodea.
Para ello utilizaremos una metodología participativa y generalizadora centrada en actividades individuales. 
Programación didáctica   
   Competencias y habilidades:
·         Leer con la fluidez y la entonación adecuadas, respetando las pausas propias de los signos de puntuación (coma, punto, puntos suspensivos...) y otros signos ortográficos (interrogación, exclamación...).
·         Leer y producir textos orales y escritos de distintos tipos: narrativo, descriptivo, dialogado, informativo, expositivo, etc.
·         Diferenciar los rasgos físicos de los personajes de los de su personalidad.

Recursos Materiales                                                                                                                              Para llevar a cabo los objetivos utilizaremos  libro, lápiz y cuaderno.
Actividades
  1. Subráyame las palabras que lleven “ll” en la poesía.
  2. Dime el traje que lleva el gallo. …………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………
  3. ¿Qué no necesita el pueblo? ..................................................................................................................................................................................................................................................................
Evaluación
-          Identificar las palabras que lleven “ll”
-          Leer atentamente la poesía.